No llueve a gusto de todos...
para qué nos vamos a mentir, ni siquera llueve...
Sigues estando igual de quieto, aunque los años golpeen contra tu cara.
Sigues mirando el reloj como si fuera algo ajeno, cosa de mortales. Y un día ese reloj se parará y también a ti te sorprenderá la muerte.
Sacudirá con sus alas el aburrimiento y la mediocridad de tus hombros y al fin tu mutismo dejará de ser insultante, y tu existencia tendrá algo de sentido, porque al menos llenarás una caja y dejarás de malgastar oxigeno.
Ya ves, no llueve a gusto de todos y tengo que observar hastiada como la vida sigue contigo en ella.
Un pequeño desperfecto en mi vida hueca.
No somos más que humanos vanidosos con ínfulas de humildad. Y nos volvemos gente que practica como deporte favorito la mentira, y la escupimos sin parar.
Por ejemplo, que no me importas en lo más mínimo, esa es la más sutil de todas.
Algún día dejaré de mirar por encima del hombro a la gente que pasa a mi lado. Algún día tú dejarás de soñar con imposibles. Y él se sentirá avergonzado por creer siempre que alguien le podría amar. Pero lo aprendí de ti, y tú de aquel, y aquel lo aprendió de alguien a quien ya no recuerda. Como perfectos actores, miméticos, que sólo interpretan su papel. Como títeres vestidos de colores, colgando de hilos invisibles, con vidas invisibles, con historias y vidas inventadas, con frases hechas, memorizadas, con sentimientos simulados, con cuerpos de trapo y corazón de algodón, seco y blando.
Malditos estúpidos animales a quienes alguien os enseñó a pensar...
Quizá os enseñó alguien a quien os empeñasteis en llamar dios, perdón Dios, en un día de esos en los que no llueve a gusto de todos... para qué nos vamos a mentir, ni siquiera llueve.
Ni siquiera estáis seguros de ese dios
para qué nos vamos a mentir, ni siquera llueve...
Sigues estando igual de quieto, aunque los años golpeen contra tu cara.
Sigues mirando el reloj como si fuera algo ajeno, cosa de mortales. Y un día ese reloj se parará y también a ti te sorprenderá la muerte.
Sacudirá con sus alas el aburrimiento y la mediocridad de tus hombros y al fin tu mutismo dejará de ser insultante, y tu existencia tendrá algo de sentido, porque al menos llenarás una caja y dejarás de malgastar oxigeno.
Ya ves, no llueve a gusto de todos y tengo que observar hastiada como la vida sigue contigo en ella.
Un pequeño desperfecto en mi vida hueca.
No somos más que humanos vanidosos con ínfulas de humildad. Y nos volvemos gente que practica como deporte favorito la mentira, y la escupimos sin parar.
Por ejemplo, que no me importas en lo más mínimo, esa es la más sutil de todas.
Algún día dejaré de mirar por encima del hombro a la gente que pasa a mi lado. Algún día tú dejarás de soñar con imposibles. Y él se sentirá avergonzado por creer siempre que alguien le podría amar. Pero lo aprendí de ti, y tú de aquel, y aquel lo aprendió de alguien a quien ya no recuerda. Como perfectos actores, miméticos, que sólo interpretan su papel. Como títeres vestidos de colores, colgando de hilos invisibles, con vidas invisibles, con historias y vidas inventadas, con frases hechas, memorizadas, con sentimientos simulados, con cuerpos de trapo y corazón de algodón, seco y blando.
Malditos estúpidos animales a quienes alguien os enseñó a pensar...
Quizá os enseñó alguien a quien os empeñasteis en llamar dios, perdón Dios, en un día de esos en los que no llueve a gusto de todos... para qué nos vamos a mentir, ni siquiera llueve.
Ni siquiera estáis seguros de ese dios

