Sentí una angustia parecida al ahogo. Cruzó en mi pecho como cruzó el pensamiento de que tal vez no te volvería a ver.
Fue rápido, fulminante, como un rayo. La evidencia me aplastó.
Y quise correr tras de ti, mientras te alejabas dándome la espalda, quizá sonriente, como lo había estado yo segundos antes.
Quise agarrarte por el brazo y hacer que te volvieras, me miraras a los ojos y decirte: Por si no ha quedado claro, te quiero.
Pero no te lo digo suficiente. Ni siquiera te digo que te amo, aunque lo haga más que quererte.
Así que en vez de llenar tu rostro de mis besos, y fundir tu cuerpo en el mío con abrazos, y acariciarte mientras distraídamente paseamos, o me hablas, o estamos en silencio, te miro y pienso, sólo pienso.
Y siento, sólo siento.
Pero te quiero. Te amo. Y me moriría si no volviera a verte. Porque hay cosas que no se pueden explicar, y lo que siento por ti es más fuerte que yo misma, es algo irracional.
Y aquí me ves, atormentada porque no te digo que te amo todo lo que tendría que hacerlo, para que si faltases tú o faltara yo te quedaran esas palabras y el brillo de mis ojos, y la calidez de mi piel mientras me aproximo para robarte un beso, o coger simplemente tu mano.
Porque te amo.
te amo.
te amo.
te amo.

Dedicado a todas esas personas que tienen alguien a su lado a quien poder decírselo. A veces es demasiado tarde y sólo puedes decirselo al silencio. Hacerselo sentir al aire, y a tu arrugado corazón.