Te he visto caer tantas veces que el sonido de tus huesos chocando contra el suelo ya no me sorprende. Y no sé distinguir el brillo de tus mejillas como lágrimas, ni noto cuando sonríes o cuando no.
Te he mirado tantas veces que te has vuelto parte del paisaje, como un borrón que no se puede definir, como una sombra larga que aún así deja ver lo que hay debajo.
Y no, no te puedo querer, ni te puedo perdonar, ni siquiera puedo castigarte, odiarte, o tenerte en estima, hacerte a un lado, o caer a tus pies, correr tras de ti o llamarte cuando te necesito. No puedo hacer ya nada ni por ti ni por mí.
No hay días, ni hay noches, ni siquiera nos quedan horas, todo desaparecerá.
Un recuerdo, quizá el primero: tú y yo mirándonos, frente con frente, como un espejo. No había nada más que ilusión.
Otro recuerdo, quizá el último: ni desprecio ni simpatía, ni aliento ni corazón.
Lo destrocé todo, lo sé, negándote de mis labios. Lo destrozaste tú al quedarte a mi lado.
Y si me abrazas, ya no siento el calor. Y si te beso no sientes la humedad. Y si te hablo no escuchas mi voz, y si me gritas, no te presto atención.
Tonta vida esta que nos hizo aguantarnos, quedarnos quietas en este cuerpo condenadas a llamarnos por un mismo nombre: YO.
Te he mirado tantas veces que te has vuelto parte del paisaje, como un borrón que no se puede definir, como una sombra larga que aún así deja ver lo que hay debajo.
Y no, no te puedo querer, ni te puedo perdonar, ni siquiera puedo castigarte, odiarte, o tenerte en estima, hacerte a un lado, o caer a tus pies, correr tras de ti o llamarte cuando te necesito. No puedo hacer ya nada ni por ti ni por mí.
No hay días, ni hay noches, ni siquiera nos quedan horas, todo desaparecerá.
Un recuerdo, quizá el primero: tú y yo mirándonos, frente con frente, como un espejo. No había nada más que ilusión.
Otro recuerdo, quizá el último: ni desprecio ni simpatía, ni aliento ni corazón.
Lo destrocé todo, lo sé, negándote de mis labios. Lo destrozaste tú al quedarte a mi lado.
Y si me abrazas, ya no siento el calor. Y si te beso no sientes la humedad. Y si te hablo no escuchas mi voz, y si me gritas, no te presto atención.
Tonta vida esta que nos hizo aguantarnos, quedarnos quietas en este cuerpo condenadas a llamarnos por un mismo nombre: YO.


no te visito en un par de días y ya no veas como te cunde jeje
que bien, cuantas cositas
yo estoy en sequía, a veces pienso que casi mejor así. pero pronto caerá algo...
un beso